Desde esa experiencia personal nació LifeQR: un ecosistema pensado para acompañar a las personas en la vida real, en la calle, en un viaje, en su hogar, en una consulta médica o en cualquier situación inesperada.
Ser hijo de padres ancianos me hizo pensar todavía más en la importancia de contar con una herramienta que brinde tranquilidad, autonomía y seguridad tanto para uno mismo como para quienes amamos.
Siendo cero negativo, comprendí de manera personal cuán importante es que información crítica esté disponible de inmediato: grupo sanguíneo, alergias, medicaciones en curso, antecedentes clínicos o interacciones entre fármacos recetados en distintos países.
Como viajero, siempre tuve presente otro problema: qué pasa si una persona sufre un accidente en un país donde no hablan su idioma y no puede responder por sí misma. Por eso LifeQR fue concebido también con una visión global y multilingüe.
Durante los últimos años trabajé intensamente junto a herramientas de inteligencia artificial que fueron de enorme utilidad para dar forma a todo el ecosistema. Pero por encima de toda tecnología, lo que impulsa este proyecto es una idea muy simple: poner la innovación al servicio de la vida.